El picor: una sensación nada superficial

El picor o prurito es una sensación a la que no solemos prestar mucha atención. Si nos pica en algún sitio, simplemente nos rascamos. Sin embargo, el picor intenso crónico puede convertirse en una enfermedad debilitante, e incluso llegar a ser mortal. Gracias a las investigaciones cerebrales, empezamos a entender cuáles son las vías nerviosas y los factores genéticos que subyacen al picor. Este conocimiento puede ayudar a desarrollar tratamientos más eficaces para las personas obligadas a vivir con enfermedades cutáneas pruriginosas.

Rascarse cuando a uno le pica es uno de los pequeños placeres de la vida, pero los científicos están descubriendo que se trata de un fenómeno neurológicamente complejo. Aunque se nota en la piel, la sensación de picor se transmite a través de largas fibras nerviosas desde la piel hasta la médula espinal y el cerebro. De hecho, para “sentir” picor ni siquiera hace falta la piel; simplemente ver imágenes de cosas que pueden producir picor, como pulgas, piojos, chinches o sarpullidos, puede hacer que nos entren ganas de rascarnos.  
Se cree que la sensación de picor, o prurito en el lenguaje médico, pudo haber evolucionado para protegernos de peligros tales como los insectos que transmiten enfermedades. Al rascarnos puede ocurrir que ahuyentemos a un mosquito o a una pulga que estaba a punto de picarnos y dejarnos sus toxinas. El picor también es un síntoma de muchas enfermedades de la piel (por ejemplo, la psoriasis y el eccema), además de una complicación de enfermedades hepáticas, renales y de otros tipos. Aunque la mayoría de los picores no pasan de ser una mera molestia pasajera, un picor intenso o crónico puede ser incapacitante y provocar unas ganas atroces de rascarse. Desgraciadamente, los tratamientos para el picor no siempre son eficaces, y algunas personas pueden llegar a rascarse hasta dejarse la piel en carne viva, incluso mientras duermen.
Diversos estudios científicos recientes comienzan a desvelar muchos de los misterios de la neurobiología del picor. Por ejemplo, ¿cuál es la relación entre el picor y el dolor? Para responder a estas y otras preguntas, los científicos investigan ahora las vías nerviosas del picor, incluidas las del sistema nervioso central, y también han encontrado varios genes que podrían estar relacionados con el picor. Estos descubrimientos se traducen en:

• El desarrollo de mejores tratamientos para las personas con prurito crónico debilitante.
• Un mayor conocimiento de cómo procesa el cerebro los estímulos sensoriales.

Por la observación de personas afectadas de prurito, antaño se asociaba el picor con el dolor, ya que aunque rascarse alivia el picor, hacerlo en exceso puede resultar doloroso. Además, los analgésicos como la morfina a menudo aumentan la intensidad del picor. Esto hizo sospechar a los científicos que el picor y el dolor podrían compartir las mismas vías nerviosas, y que quizá el picor no fuese más que una forma débil de dolor. No obstante, hoy en día se cree que aunque ambos pueden compartir algunos receptores sensoriales, los mensajes se envían al cerebro por vías y circuitos neurales diferentes. Además de ello, los estudios de imágenes cerebrales han puesto de manifiesto que el picor y el dolor generan actividad en diferentes áreas del lóbulo frontal. 
Más recientemente, se ha descubierto que el picor se transmite al menos por dos vías nerviosas específicas. Una de ellas se usa cuando el picor lo desencadena la histamina, una sustancia liberada por las células del cuerpo en respuesta a alergenos como el polen de ambrosía, el veneno de los insectos o la hiedra venenosa. La otra vía la activan sustancias distintas a la histamina. Los investigadores han recurrido al principal ingrediente de los polvos pica-pica de los artículos de broma, que se obtienen de una hierba tropical conocida como frijol terciopelo, para estudiar el picor crónico independiente de la histamina. La existencia de dos vías separadas contribuye a explicar por qué los antihistamínicos a menudo no consiguen aliviar el picor. Saber como transmiten estas vías las señales al cerebro puede ayudar a desarrollar tratamientos más eficaces para tipos específicos de picor.
Al comprender que el picor y el dolor eran dos sensaciones distintas, los científicos se preguntaron qué es lo que las diferencian. El descubrimiento de un posible “gen del picor” en el ratón, el receptor del péptido liberador de gastrina (GRPR, del inglés gastrin-releasing peptide receptor), puede desvelar algunas de las claves. Al inyectar un analgésico que normalmente produce picor a ratones criados con una deficiencia de este gen, los investigadores observaron que los animales no se rascaban. Del mismo modo, tampoco se rascaban los ratones normales cuando se les administraba el analgésico junto con una sustancia química que inhibe el GRPR. Estos hallazgos indican que el GRPR es importante para la sensación de picor pero no para la de dolor. Si estos resultados se confirman y los efectos sobre las células nerviosas que expresan GRPR son similares en los seres humanos, puede que los científicos consigan desarrollar tratamientos analgésicos que no causen picor en la piel.
Para aquellos a quienes les basta con rascarse cuando les pica, los científicos también empiezan a entender el porqué. Los estudios de imagen del cerebro han puesto de manifiesto que al rascarse aumenta la actividad de un área asociada con la conducta compulsiva y disminuye la de otra área relacionada con las emociones desagradables, lo que puede explicar por qué rascarse cuando se siente picor es al mismo tiempo una acción compulsiva y un placer.

Para saber más:

Davidson S, Giesler G. (2010) The multiple pathways for itch and their interactions with pain. Trends in Neuroscience.

Gawande, A. (June 30, 2008) The itch. The New Yorker.

Gieler U, Walter B. Chronic itching: causes and cures. June 26, 2008. Scientific American Mind.

Ikoma A, Steinhoff M, Stander S, Yosipovitch G, Schmelz M. (2006) The neurobiology of itch. Nature Reviews Neuroscience. 7:535-547.

Sanders, Laura. (2008) Itch. Science News. 174:16-19.

© Sociedad Española de Neurociencia Traducido del original al español por el Dr Imanol Martínez-Padrón para la Sociedad Española de Neurociencia. El traductor asume la responsabilidad por la exactitud de la traducción. La Society for Neuroscience no se hace responsable de errores de traducción. Se recomienda a los lectores acceder a la publicación original en http://www.sfn.org.

© Society for Neuroscience. Translated from the original into Spanish by Dr. Imanol Martínez-Padrón on behalf of Spanish Society for Neuroscience. The translator assumes responsibility for the accuracy of the translation. The Society for Neuroscience is not responsible for translation errors. Readers are encouraged to access the original publication at http://www.sfn.org.